Hermana Rosa
Llegué a la iglesia cargada de tristeza y sin esperanza. Hoy puedo decir que Dios sanó mi corazón y restauró mi familia. Su Palabra se hizo real en mi vida.
Llegué a la iglesia cargada de tristeza y sin esperanza. Hoy puedo decir que Dios sanó mi corazón y restauró mi familia. Su Palabra se hizo real en mi vida.
Pasé años lejos de Dios, pero cuando escuché la Palabra predicada con poder, mi vida cambió por completo. Ahora sirvo en el ministerio con un propósito claro.
En medio de una enfermedad difícil, la congregación oró por mí y sentí la mano de Dios sosteniéndome. Hoy testifico de Su fidelidad y Su amor incondicional.